Día de los Derechos Cívicos de la Mujer Peruana

El 17 de setiembre de 1955, el gobierno del general Odría promulgó la Ley Nº 12391 que daba el derecho de ciudadanía a la mujer peruana, en contra de la marginación que consagraba la Constitución de 1933, vigente en ese entonces. Según la actual Constitución de 1993 las mujeres gozan de los mismos derechos que los varones.
La presencia significativa y valiosa de la mujer peruana en la vida cívica de nuestra nación no sólo es destacada en el presente, sino que data desde nuestra antigüedad. Mencionaremos algunas mujeres que tuvieron destacada participación en nuestra gesta emancipadora, como Micaela Bastidas, Tomasa Condemayta, María Parado de Bellido, Juana de Dios Manrique de Luna, Brígida Silva, y muchas otras valientes y entusiastas patriotas, o recordar a las valientes maestras tacneñas que durante 50 años de ocupación chilena de Tacna, mantuvieron en sus escuelas, muchas veces clandestinas, el amor a la Patria que inculcaban a sus educandos, poniendo en riesgo su integridad física y sus propiedades.

La «carga de trabajo» se refiere al trabajo remunerado y al trabajo no remunerado «socialmente productivo». Esa carga de trabajo está desigualmente distribuida entre hombres y mujeres, siendo mayor la presión del trabajo no remunerado en el caso de estas últimas. Son más las mujeres que realizan un trabajo no remunerado, por lo que la carga de trabajo total para ellas es mayor de lo que se reconoce. El trabajo no remunerado que hacen las mujeres se diferencia del de los hombres en que es relativamente urgente, por ejemplo, cuidar a personas mayores o enfermas y ocuparse de los niños.

Mientras que la división del trabajo depende de aspectos culturales, el «principio jerárquico» no distingue entre culturas. Incluso en las sociedades en las que las mujeres trabajan, su trabajo se considera inferior al de los hombres. En las culturas en las que trabajan ambos, hay una segregación en el mercado laboral: el 55 % de las mujeres trabaja en lugares donde son predominantes.


 

La mujer andina

Es poco probable que haya
otra mujer sobre la tierra que posea
las virtudes hogareñas y sociales
de la mujer andina.

El símbolo de la actividad femenina:
la hilandera ambulante del ande peruano.
hace una jornada-cinco o seis leguas-
por los caminos y las sendas,
por villorrios y despoblados,
con el huso en continuo movimiento.

Lleva a las espaldas, junto con el crío,
los productos que va a vender en la ciudad,
o los menesteres con que retorna a la choza.

Prepara los alimentos, cuida de sus hijos
y de sus animales domésticos: el cuy
sólo a ratos visible, la gallina, el chancho,
las ovejas, la vaca y el perro, fiel guardián.
Teje la tela para el vestido de todos los suyos…

Luis Valcárcel

 

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