Día del Ilustre Tradicionalista don Ricardo Palma

La mayor figura del tardío romanticismo peruano, que entronca con el naciente realismo, el viejo costumbrismo español y la sátira criolla, para producir la exitosa fórmula de sus Tradiciones peruanas. A través de numerosas series, que se extienden hasta el siglo XX, se convirtió en uno de los prosistas clásicos más amenos de América.

Nació el 7 de febrero de 1833 en Lima. Cursó estudios en la escuela de Antonio Orengo y en la de Clemente Noel. Con sólo quince años fue director de un periódico satírico llamado "El Diablo". El diario "El Comercio" publica sus primeros poemas. En 1849 estudia en el Convictorio de San Carlos y en 1852 estrena "Rodil" y colabora en la hoja satírica titulada "El Burro". Poco tiempo después publica "Corona patriótica" y "Juvenilia" (Lima, 1855). Fue desterrado durante dos años en Chile (1861-1863) y a su vuelta al Perú, volvió con los Anales de la Inquisición de Lima (1863), su primer trabajo histórico destacado. Publicó Tradiciones, cuya primera serie aparece en 1872, iniciando así un ciclo que se cierra en 1910. Entre sus obras destacan, Verbos y gerundios (1877), Neologismos y americanismos (1896). En los primeros años de 1900 publica "Papeletas lexicográficas", que son dos mil setecientas voces que hacen falta en el diccionario. Aparecen en Barcelona "Mis últimas tradiciones peruanas". Después publica una pequeña autobiografía, "Doce cuentos" y "Apéndice a mis últimas tradiciones peruanas" antes de fallecer en Miraflores a la edad de 86 años, el 6 de octubre de 1919.

Las principales tradiciones contenidas en el libro llevan los siguientes títulos: "La pinga del Libertador", "El carajo de Sucre", "Un calembourg", "La cosa de la mujer", "Fatuidad humana", "Los inocentones", "El lechero del convento" y "La moza del Gobierno".

 
Don Ricardo Palma

A Don Ricardo Palma

Con varita mágica despertó del pasado
oidores y virreyes, tapadas y guerreros,
dando vida a la muerte sus manos milagrosas;
abrió a nuestras miradas un inmenso dorado,
nuestro sombrío cielo tachonó de luceros
y añadió a la Corona de Lima una de rosas…

Curvado por la gloria, paseó en esta avenida
aquel patriarca mago su ancianidad gloriosa,
aquel que a nuestra historia diera vida con su alma;
y aunque los tiempos pasen y cambie nuestra vida,
ha de triunfar perenne, como una enseña airosa,
el nombre evocativo de don Ricardo Palma.

 

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