Día de Nuestra Señora de las Mercedes

Esta virgen es venerada en su Basílica Menor ubicada en el centro de Lima y que lleva a muchos de sus fieles a su fiesta principal los 24 de setiembre de cada año para rendir la veneración y filial amor a la Madre de Dios hecha Misericordia.

Es conocida también en la historia como la Patrona de las Armas del Perú debido a que bajo su advocación se ganó la Batalla de Ayacucho en el año 1824 sellando la libertad del Perú de las manos españolas. Será en el año de 1924 que tendrá la categoría de Castrense y reconocimiento de toda la Fuerza Armada Peruana.

Sin embargo, con el transcurrir del tiempo esta Virgen se ha convertido en la Madre de los necesitados, de aquellos que piden y solicitan misericordia, de las personas que no tienen la libertad física y espiritual. Esta fe y amor mariano fue y se acrecienta tanto que prueba de lo indicado es que el documento elaborado por la Conferencia Episcopal Latinoamericana llamado Puebla será puesto a los pies de la Virgen de la Merced por todos los obispos del Perú al ser catalogada como la Madre de Dios más querida por nosotros los peruanos y ser ella la Estrella de la Evangelización.

La devoción a la Virgen de las Mercedes nació y creció en el Perú alimentada por seculares y vigorosas tradiciones católicas.

El Presidente de la República, General Juan Velasco Alvarado, el 23 de setiembre de 1969, mediante Decreto Ley, oficializó el título honorífico de Gran Mariscala del Perú y Patrona de las Fuerzas Armadas y le otorgó el bastón de Mariscala.

En el altar de la Basílica de la Merced de Lima, donde se ubica la imagen de la Vírgen, se aprecian las insignias de las instituciones militares.

Anualmente, en ceremonia cívico-religiosa, a las que asiste el Jefe del Estado y las más altas autoridades políticas y militares del Perú se renuevan los signos de devoción del pueblo peruano que jamás renunciará a aquello que constituye esencia de su propio ser nacional: su fe religiosa.

 
Virgen de las Mercedes

Plegaria

Gloriosísima patrona y abogada nuestra, Virgen de las Mercedes, purísima flor de santidad e inocencia, Madre amadísima de Jesús, por aquel incendio de divino amor que abrazó tu corazón para con nuestro redentor, por el celo ardentísimo de la gloria de Dios y salvación de las almas, por el cariño que siempre tuviste hacia tus hijos pecadores, te suplicamos nos alcances del Señor toda clase de gracias y bendiciones; la conservación de la religión en sus vastos dominios, la propagación de la fe y la conversión de los infieles de las montañas, la paz y la prosperidad de nuestra patria, y singularmente el favor que cada uno de nosotros pide en cada día de nuestra vida.  Si es a mayor gloria tuya en bien de nuestras almas. 

Amén.

M A M J J A S O N D