Día Internacional de la Trabajadora del Hogar

Hoy se recuerda internacionalmente a la trabajadora del hogar. La mujer y madre ha sido por tradición el puntal de la vida doméstica. Se ha encargado del cuidado de los hijos, la limpieza de la casa, el lavado de la ropa, de la compra y preparación de los alimentos.

En algunos países, como el nuestro, es costumbre que las mujeres trabajen en el campo, vendan el producto en el mercado o contribuyan de otras maneras a la economía familiar. Aun en los lugares donde no existía esta costumbre, la necesidad ha obligado a millones de mujeres casadas a emplearse en el mercado laboral.

El hecho de que la mujer esté dotada de cualidades que le permiten desempeñarse con capacidad en estas labores, no significa que ella sea la única que deba trabajar en el hogar.

Cuando los dos cónyuges trabajan todo el día fuera de casa, ¿debería la esposa llevar sola la carga de las tareas domésticas mientras el esposo y el resto de la familia descansan? Por supuesto que no. Toda la familia debe colaborar en las tareas domésticas.

Es posible que un varón diga: «Donde yo vivo el hombre no realiza esas tareas.  Puede que así sea, pero piense en esto: si al final del día el esposo está cansado y quiere descansar, ¿no es probable que la esposa se sienta del mismo modo, o quizás aún peor? Luego, ¿no sería propio y amoroso que el esposo ayudara en casa?

Como cristianos debemos considerar lo que Jesús dijo en cierta ocasión: «Tienes que amar a tu prójimo como a tí mismo». La aplicación de este consejo en la familia facilita enormemente la administración doméstica. ¿Y qué prójimo más cercano y querido tenemos que aquél con quien vivimos: los esposos y las esposas, los padres y los hijos?

Lemuel, un Rey de tiempos bíblicos no identificado registró en el capítulo 31 de Proverbios la descripción clásica de una esposa capaz. Con cierto grado de detalle considera lo valiosa que es; señala que su dueño confía en ella y ella le resulta remuneradora a él. Algunas de sus características: es industriosa. madrugadora, sabe comprar, muestra bondad al pobre, es previsora y habla con sabiduría. También es atenta, respetada por sus hijos y alabada por su esposo.

 
Trabajadora del hogar

Una Mujer

Hay una mujer
que tiene algo de Dios
por la inmensidad de su amor;

Una mujer que, siendo joven,
tiene la reflexión de una anciana,
y en la vejez, trabaja
con el vigor de la juventud.

Una mujer
que, siendo pobre, se satisface
con la felicidad de los que ama;

y siendo rica,
daría con gusto su tesoro
por no sufrir en su corazón
las heridas de la ingratitud.

De esta mujer
no pregunten su nombre.

Monseñor Jara

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