Aniversario del Fallecimiento del Sabio Antonio Raimondi

El Ministerio de Educación por ley N°1526l, del 14 de setiembre de 1964, dispuso la celebración del 26 de octubre como el Día de Antonio Raimondi.

Antonio Raimondi, nació el 19 de setiembre de 1826 en Milán, Italia. Sus padres fueron don Enrique y doña Rebeca. La primera vez que sintió simpatía por nuestro país fue cuando se encontraba en el Jardín Botánico de Milán y presenció el corte de un enorme «cactus peruvianus» y que consideraba su viejo amigo.

Pero, en su país, no todo el tiempo gozó de paz para dedicarse al estudio y a la lectura. Italia en aquellos años luchaba por su unificación y Raimondi como fue patriota, no se mantuvo ajeno a los movimientos que surgieron.

El Perú era un país de riquezas. En sus costas reunía desiertos similares a los de África; en la sierra, punas semejantes a las estepas de Asia y cumbres nevadas con temperatura igual a las regiones polares; la selva, encerraba toda la belleza verde y salvaje, propias del trópico. Se embarca en Niza a la edad de 23 años con dirección al Perú el 8 de enero de 1850 y llega al Callao el 28 de julio del mismo año. Se celebraba el día de la independencia nacional, reinaba un ambiente de alegría.

Establecido ya en Lima, alcanzó en 1851 la cátedra de Historia Natural, le introdujo métodos modernos y la profesó tal como lo hacía en Europa. El doctor Cayetano Heredia, le encomendó la clasificación de las colecciones de minerales que se encontraban en el gabinete de Física e Historia Natural, al ver su capacidad, le dio la cátedra de Historia Natural en el colegio Independencia. Luego, el mismo doctor Heredia fundó para él la cátedra de Química Analítica.

Por aquel entonces se iba a realizar en París una Gran Exposición Mundial. Esto llevó a Raimondi, juntamente con el francés Devolois a presentar la propuesta de organizar una muestra de riquezas minerales del Perú. El gobierno accede y manda un comunicado a todos los prefectos y subprefectos de la República, para que enviasen muestras de todos los ejemplares de metales y minerales. Incluso aguas: oro, plata. mercurio. cobre, estaño, níquel, sales minerales, piedras finas y raras. Luego ellos hacían la clasificación.

Esta exposición centró la atención de capitalistas que posteriormente vinieron con recursos económicos a explotar yacimientos sobre todo en Cerro de Pasco. En 1866, para una segunda Exposición Mundial en París, Raimondi prepara una muestra más grande, acompañándole un libro donde daba descripciones y análisis.

Hizo profundos estudios sobre el guano por su riqueza. En 1853, viajó a Tarapacá para investigar las riquezas del salitre, encontrando una gran variedad de sales. Dijo: «Entre tanta arena y esterilidad, veía riqueza y ello sería la causa de una guerra.

En 1852 cruzó por primera vez los Andes, visitó la región Vítor y Chanchamayo; se detuvo en Tarma.

La Selva, en aquella época no interesaba tanto al Perú, él se afanó que los peruanos miren hacia ella, que descubran sus riquezas. La causa por la que se temía a la Selva era porque se la había envuelto en un manto misterioso de miedo y él se acercó a ella en son de paz.

Raimondi se ve empeñado en hacer conocer el Perú a los peruanos, sobre todo a los jóvenes, hacerles comprender sus riquezas naturales tan variadas. Con este afán hace un llamado a la juventud en su obra El Perú. Allí dice: «Jóvenes, os pido vuestro concurso, ¡ayudadme! Dad tregua a la política y consagraos a conocer vuestro país y los inmensos recursos que tiene».

Cada vez que deseaba emprender un viaje, encontraba la dificultad de no haber mapas. Existía el de Paz Soldán, pero era deficiente. Él resuelve el problema, elabora 15 mapas y planos entre los que se encontraba el gigantesco mapa del Perú en 32 hojas.

Así, a sus funciones de botánico. zoólogo, geólogo le añade el de geógrafo. No confiaba en los datos oficiales, pues los políticos hacían figurar provincias y pueblos donde no los había.

Entre los años 1858 y 1861, explora el norte del país y en los años 1866 y 1867, los dedica a la zona central del Perú.

Cuando el Perú es agredido en la guerra con Chile, sufre y lo defiende como un peruano, protege su casa bajo la bandera italiana y sus colecciones… Cuando el gobierno italiano le pide que mande los objetos que recogió del Perú, él se niega y le responde: “Son del Perú y deben correr la suerte del Perú».

Coleccionó 708 ejemplares de rocas: 2000 ejemplares de fósiles; 20000 ejemplares de plantas; 500 ejemplares de semilla, cortezas, gomas, resinas, cascarillas y maderas; 2000 ejemplares de moluscos; 4000 ejemplares de insectos; 1265 ejemplares de aves: 72 ejemplares de cráneos y 300 ejemplares de etnografía.

En Caraz, conoce a la señorita Adela Loli y contrae matrimonio en la ciudad de Huaraz el 2 de setiembre de 1869, cuando contaba con 43 años de edad.

Se viene ha vivir a Lima y por la mala situación económica decide vender sus colecciones. Pero su amigo el señor Malmowski, consiguió que el Senado le pasará una pensión y además se le obsequió una casa.

En 1869, el Congreso decidió publicar sus trabajos y en 1874, aparece el primer tomo que contiene los dos primeros libros. El sabio pasó viajando 19 años recorriendo todo el Perú. En 1876 aparece un segundo tomo de El Perú, que se refiere a la parte histórica, el tercero aparece en 1879 con la geografía del Perú. La guerra con Chile no permite que se sigan publicando sus obras.

En 1886, decae su salud, su amigo Arrigoni lo invitó a San Pedro de Lloc, se agrava día a día. Muere en esta ciudad, el 26 de octubre a las 10 de la noche de 1890. El Perú y los peruanos se enlutaron por su muerte.

Como muestra de reconocimiento se fundó la provincia de Antonio Raimondi, en el departamento de Ancash. La ciudad de Lima en homenaje le ha erigido una estatua de bronce en la Plaza Italia.

 
El Sabio Antonio Raimondi

Al Sabio Antonio Raimondi

 

Discurridor de mi naturaleza:
en mi costa vadeando sus ríos
en mi selva apartando maleza
en mi sierra trepando sus cumbres.

 

Surcaste palmo a palmo mi patria
montado sobre tu acémila amiga
que en silencio paseaba tus vestigios
por paisajes regados de villorrios.

 

Estudiante fiel de mi natura prodigiosa
revelador de sus misterios ocultos,
tu vida y tu obra cual magna epopeya
se confunden en armoniosa aventura.

 

Cautivó tus sensibles sentidos
el primoroso canto de las aves
de las umbrías selvas amazónicas
 y te tornó en fiel devoto de dioses incaicos.

 

Milán solo te vio nacer
pero fue San Pedro de Lloc,
el corazón del Perú profundo,
quien llenó tu vida de dicha y placer

 

Por eso al final de tus días
pudiste expresar con humildad y decoro:
«El Perú es un mendigo
sentado en un banco de oro».

 

Solrac Zoriuq

M A M J J A S O N D