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Son muchos los peñatos que han sentido la llamada y la han seguido formándose como
religiosos. Años atrás, cuando el número de hijos de las familias era muy elevado
solía enviarse al benjamín a formarse con los religiosos. Era una manera de que
recibiera una educación y el sustento diario asegurado. Esta actuación no es del
todo criticable ya que muchos padres enviaban a sus hijos con autentica devoción
y en muchos casos los jóvenes no llegaban a tomar los hábitos por no tener sentir
esa llamada. Otros descubrían su autentico camino y dedicaban su vida al servio a
Dios.
En la imagen vemos a una de estas religiosas natural de nuestro pueblo de los
muchos que aun siguen este camino. El año de la foto nos es deconocido pero debe
situarse en la decada de los 50.
Tras el duro esfuerzo de la siega llegaba la hora de la "carrea" que consistía en llevar las gavillas en carros hasta la era, para allí, esparcirla sobre el suelo y comenzar con la trilla. La trilla era una gran tabla de madera con piedrecillas afiladas en una de sus caras, la que iba sobre el suelo. En la otra cara tenia los elementos necesarios para enganchar un animal, ya fuera mulo o vaca o buey, a ella que era el encargado de arrastrar la trilla sobre las gavillas separando paja y grano. Sobre la trilla iba algún niño, denominado trillique, dirigiendo al animal. La ventaja de que fuera un niño era que suponía menos esfuerzo para el tiro del animal y así desocupaba a lo adultos que iban organizando y distribuyendo gavillas, paja y grano.