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Civilizaciones, gobernantes, lugares, etc, todo pasa por este efímero mundo y sin embargo muchas veces gracias a los libros
una parte de su esencia queda viva. Es importante saber mirar al pasado para afrontar el futuro.
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Hace unos años llego a los hogares peñatos el que sin duda es ha día de hoy el
libro de referencia del municipio, el compendio más completo de historias, formas de vida, tradiciones, etcétera del pueblo
de La Peña. Los autores que con gran esfuerzo le hicieron ver la luz son Victoriano y Aurelia Casado. Padre e hija se
sumergieron en el mar de los recuerdos para rescatar la memoria del pueblo, haciéndola perdurar a través de sus páginas. No
hay duda de que a raíz de este libro padres e hijos se han sentado en más de una ocasión a charlar sobre episodios pasados de
la vida del pueblo avivando el fuego de la tradición oral de toda la vida.
Ahora y gracias a la generosidad de los autores, Aurelia y Vitoriano, que gustosamente han dado su permiso para la
reproducción digital de su obra, tenemos la intención de dar un paso más y distribuir desde aquí la versión en PDF con la
intención de llegar a más gente. Es un modo de ofrecer a nuestro visitantes una información más completa del pueblo de La
Peña para los que no conocen el libro y de conservarlo para los que ya lo tienen.
La calidad de la digitalización por circunstancias técnicas no es todo lo excelsa que desearíamos, pero lo suficientemente
buena para la lectura o impresión de la misma. Otro de los problemas que desgraciadamente hemos encontrado es la
imposibilidad de subirlo a nuestro servidor web debido su tamaño que ronda los 20MB, por lo que por ahora la distribución la
realizaremos vía correo electrónico. Simplemente dirigid un correo electrónico a lfvicente@lapena.tk solicitando vuestro ejemplar en PDF o TIF(multipágina) y en breve
os será remitido a vuestra dirección de correo.
"Cuando escribí el libro fue en parte para manifestar y expresar mis
sentimientos, recuerdos, vivencias, entremezcladas y amalgamadas con
experiencias, pero el objetivo final fue darlas a conocer y dejar
constancia escrita, porque la palabra hablada -por muy bien que esté
dicha- por muy brillante que sea el discurso, sino queda impresa ¨se
la lleva el viento¨y acaba dispersa en la maraña del olvido.Por ello
no quise dejar que el paso del tiempo enterrara algunas costumbres y
expresiones culturales del pueblo.
Es cierto que en la actualidad es una comunidad reducida la que habita
en él permanentemente, pero son muchos más los que estamos dispersos
por varios rincones de la geografía de España y fuera de ella, que nos
sentimos unidos por algo que tenemos en común.
Es muy cierto que las experiencias y vivencias no son transferibles y
las generaciones venideras no habrán vivido lo que en él se cuenta,
pero también es verdad que gusta recordar algo que lo sintes como tuyo.
A la generación a la que le damos el relevo le transferimos la
tremenda responsabilidad de no dejar olvidadas sus raices. Sería
demasiado triste que fueramos nosotros quienes firmaramos el
certificado de defunción del pueblo.Apuesto que con gente como
vosotros esto tendrá continuidad. Es mi gran deseo y esperanza que
creo compartiremos muchos.
Un saludo afectuoso."
Aurelia Casado
En noviembre de 2004 recibí un mensaje pidiendo cierta información acerca de la orientación de la peña gorda y otros detalles
geográficos de las inmediaciones de La Peña. Poco sospechaba yo lo que se estaba hilvanando, no pude por menos que pedirle al
autor de estos mensajes que me contara el porque de sus preguntas. Él me reveló que estaba inmerso en la creación de una
novela cuyos personajes caminaban en aquel momento por caminos peñatos.
Su nombre es Carlos Enrique Granados que, mientras estuvo en activo como científico profesional, colaboró en varios libros, como "Lexicografía Nuclear" y "La metrología en el Diccionario de la Real Academia", ambos galardonados con el Premio Conde de Cartagena de la Real Academia Española. Sin embargo, su faceta de escritor va más allá. Ha escrito poesía, "Escrito en el tiempo" y "Piedra atormentada" y novela, como por ejemplo "Wahoo" y "La catástrofe".
Su ultimo libro, "La victoria sin alas", es el cuarto tomo de las venturas y desventuras durante la guerra de la Independencia de Elisa Fraile y Miguel Egido. La mayor parte de la trama discurre en tierras charras, Ciudad Rodrigo, Salamanca, el entorno del Agueda y es en este ultimo libro en el que la trama se adentra en tierras de los Arribes. La característica más notable de estos libros es lo importante que ha sido para el autor crear un escenario lo más verídico posible en todos los sentidos, histórico, geográfico, social, etc. Los otros tres libros que componen esta serie son "La traición", "La afrancesada" y "La derrota de Wellington".
Estos libros se puede adquirir en :
- Librería "Gabriel Molina", Travesía del Arenal, 1. 28013 Madrid. Tel/Fax 91 366 44 43. info@libreriamolina.com
- Fuentetaja, C/ San Bernardo, 48. 28015 Madrid. Tel 91 532 41 70.
- Librería Pérgamo, C/ General Oraá, 24 . 28006 Madrid. Tel 91 561 67 81.
- Librería Castellana 45. Paseo de la Castellana, 45. 28046 Madrid. Tel 91 319 93 46.
- Librería El Drago. C/ Raimundo Fernández Villaverde, 34. 28003 Madrid. Tel 91 554 77 52.
- Librería Santander. C/ Valmojado, 291. 28047 Madrid. Tel 91 717 20 46.
- Librería Méndez. C/ Mayor, 18. 28013 Madrid. Tel 91 366 41 41.
Lucas era un hombre delgado, de mediana estatura y con una treintena de años encima, aunque por su aspecto, cualquiera le hubiera echado veinte años más.
Iba vestido con unas polainas de color negro y la típica chambra en lugar de camisa, que era la vestimenta normal de los hombres de su pueblo.
En los fríos inviernos calzaba sus pies con las chancas y unos gruesos calcetines de lana, que le confeccionaba su mujer al calor de la lumbre en las largas noches de invierno.
En verano protegía sus pies con unas abarcas más ligeras y frescas. Para las fiestas tenía un traje de pana, que el mismo había confeccionado, porque como ya sabéis, Lucas era sastre.
Cada mañana, Lucas partía de su casa bastante antes del amanecer. Los primeros rayos del sol lo sorprendían ya de camino entre su pueblo, La Peña, y otro cualquiera a donde lo llamaran para trabajar. Porque Lucas no tenía una sastrería, iba a las casas de sus paisanos, allí montaba su taller ambulante y confeccionaba los trajes a medida de toda la familia conviviendo con ellos hasta que hubiese terminado.
Lucas era un personaje muy conocido y apreciado por todos. Se le podía ver por los caminos al amanecer y anochecer, yendo o viniendo hacía su pueblo, con el único equipaje que llevaba siempre, unas alforjas donde guardaba sus desgastadas tijeras, su cinta métrica- con los números casi borrados a fuerza del uso – un dedal y algunos carretes de hilo.
Lucas nunca olvidaba su cayado
- Por lo que pueda encontrarme – siempre decía -.
Y es verdad que andando por esos caminos, a la hora que él los frecuentaba, se podía encontrar con sorpresas y pegarse un buen susto. Más de una vez debió usarlo, aunque si es verdad que nunca en situación de peligro.
Una vez cruzó un zorro delante de sus narices, él vociferó y amenazó con su cayado, pero el zorro huyó tranquilamente sin apenas inmutarse. Cuando ya se encontraba un poco lejos, volvió la mirada hacía Lucas, este le amenazó de nuevo y el zorro reemprendió su camino sin echarle más cuenta.
Otro día de regreso al pueblo, oyó moverse algo entre unos tomillos y zarzales, a la orilla del camino por donde transitaba. El mismo susto lo inmovilizó, contuvo la respiración y automáticamente levantó su cayado, por si debía actuar. Y claro que debió usarlo, de allí salió un conejo que emprendió la huida. Lucas que se encontraba con su cayado preparado, lo lanzó con fuerza, con tan buena suerte, que alcanzó sus patas traseras y se partió; sólo tuvo que lanzarse por él y cogerlo.
Esa noche cenaron conejo en casa de Lucas y fue un día especial, porque como podéis imaginaros, la comida era bastante escasa en su hogar y su familia vivía pobremente.
Lucas, como podéis suponer, conocía cada piedra del camino, cada zarzal, cada roble, cada tomillo, cada espino o jara que hubiera por los senderos que él transitaba en su ir y venir de un pueblo a otro. El mínimo cambio que se produjera, él lo notaba; por eso, mejor que nadie apreciaba las pequeñas o grandes transformaciones que se producían en la naturaleza al cambiar las estaciones.
Así, sin necesidad de consultar el calendario, él sabía cuándo comenzaba aanunciar su entrada la primavera: las yemas algo abultadas de un espino, las cigüeñas o golondrinas que regresaban cada año de sus lugares de invierno...
Lucas también hacia de correo y recadero entre los pueblos. A través de él se conocían los sucesos, noticias y chascarrillos que él se encargaba de trasladarde un pueblo a otro. Por eso era un personaje popular en todo el contorno,
Una mañana del mes de diciembre. Lucas se dirigía - como cualquier otro día- a la Vidola para seguir cortando trajes, cosiendo y remendando calzones, chambras, sayas o blusas.
Como podéis suponeros, era uno de esos días fríos y desapacibles - fríos a conciencia - de esos días que el aliento se transforma en una nube nada más cruzar la boca. Por eso cogió su ropa de invierno, calentó sus chancas con brasas de la lumbre, las calzó, cubrió su cuerpo con una anguarina – tapó con ella sus orejas, en las que todavía no le habían aparecido los molestos sabañones - y emprendió camino. Fue un día normal, trabajó en la cocina arrimado a la lumbre, cortando y probando, hilvanando y cosiendo sin dar tregua.
A los pocos días se celebraba la fiesta del pueblo, La Inmaculada Concepción, debía terminar dos trajes de pana uno para el padre y otro para su hijo y una chambra nueva para el abuelo. Como ya os supondréis, todo lo hacía a mano. Por eso ese día se entretuvo más que de costumbre y la noche se le vino encima No se entretuvo a merendar, cogió en su fardel un trozo de pan, un trozo de chorizo y algo de tocino cocido, que aprovechaba para untar el pan y suavizar su dureza, ya que el pan se hacia una vez por semana.
De este modo emprendió el camino de regreso a la Peña sin perder más tiempo. Volvió a colocarse su anguarina por los hombros y recogió las monedas que le dieron por su trabajo.
La noche era oscura, las nubes cruzaban con prisa delante de la luna, arrastradas por un viento fuerte huracanado, pero Lucas pensó que tendría tiempo de llegar a casa antes de que cayera el aguacero que se veía venir de lejos. De fenómenos atmosféricos también entendía bastante Lucas. Pero la humedad del viento y la proximidad de la lluvia, lo sorprendieron a mitad de camino. Hasta aquí todo normal, le había ocurrido cientos de veces; por eso no tuvo más remedio que cubrirse la cabeza con su anguarina y arrimarse junto a un zarzalón que crecía bajo el tronco de un frondoso roble, ya que la lluvia amenazaba con empaparlo. Se acurrucó, cubrió su cuerpo con la anguarina y se dijo a sí mismo:
- Esperare a que escampe.
Pero la oscuridad se hizo más intensa, las nubes habían tapado la luna y las estrellas esa noche se olvidaron de salir, por eso Lucas empezó a tener más miedo que de costumbre.
Allí, inmovilizado, comenzó a pensar en su familia, estarían preocupados por su tardanza, también pensaba en los próximos trabajos que debía hacer...
No sabe cuanto tiempo transcurrió, pero ya se veía que comenzaban a despejarse algunas nubes y el aguacero amainaba. Cogió su cayado, destapó su cabeza y comprobó que la lluvia estaba remitiendo. Se encontraba inquieto y nervioso se había quedado helado estando parado y además su familia lo esperaría con preocupación.
Hizo ademán de incorporarse y no pudo, alguien sujetaba su ropa, hizo un segundo intento y la anguarina seguía sujeta. Entonces si que le sobrevino el pánico. La primera idea que pasó por su cabeza fue que alguien intentaba robarle las escasas monedas que había conseguido por su trabajo. El terror se apoderó de él, pero tuvo fuerzas para hacer un nuevo intento, pegar un tirón y poderse soltar de quién le tenia sujeto. Todo fue inútil, la capa seguía sujeta y bien sujeta. No se atrevía a mirar hacia atrás, con su voz temblorosa y entrecortada se atrevió a decir:
- ¡Suéltame, tengo mujer e hijos que me esperan!
Pero nadie te respondió y allí permanecía atrapado. Se quedo inmóvil, la sangre y el cuerpo helados por el frió de la noche, y más por el miedo que le acorralaba. Tuvo tiempo de despedirse en su pensamiento de su mujer y sus hijos, de los vecinos, de toda la gente que le conocía, tuvo tiempo de pensar en sus escasas tierras, en el burro, las gallinas y el cerdo con el que dentro de unos días harían la matanza.
Se vio perdido y sin esperanza, era hombre muerto. ¿Pero quién podría quererlo mal? Él no tenia enemigos y la gente lo apreciaba, ¿Habría hecho alguna lechona para que quisieran matarlo? Repasó su juventud y no encontró nada que pudiera ser motivo de rencor. Recordó que de joven le había quitado la novia a Paulino, otro mozo del pueblo, y ahora era su mujer. ¿Sería Paulino el que quería saldar la antigua deuda de honor?
Lucas no recuerda cuánto tiempo transcurrió en todos estos pensamientos, pero le pareció una eternidad. Recobró la tranquilidad, de un tirón se desprendió de su anguarina y sin mirar hacia atrás, se encontró libre y comenzó a correr como nunca lo había hecho.
A grandes zancadas divisó a lo lejos el pueblo y eso lo tranquilizó, pero todavía quedaba un gran trecho para llegar. Se le hizo eterno, pero los pies no le pesaban, el miedo le hacía contener la respiración y parecía que su cuerpo flotaba. No miró hacia atrás, el pánico le hacia oír unas pisadas en su persecución, pero tuvo tiempo de llegar a casa.
Llamó con grandes golpes, todos le esperaban con impaciencia, se tendió en el escabel antes de poder hablar y contó a todo el mundo, familia y vecinos, todo lo sucedido.
Nadie daba crédito, en esos pueblos nunca había malhechores ni ocurrían sucesos de ese estilo.
Todos buscaban explicaciones sobre lo ocurrido, ¿quién podría ser? ¿Qué pretendería?
Se contaron las suposiciones más disparatadas, unos decían que habían oído hablar de unos quinquilleros que andaban por la zona, otros que sería algún difunto habría regresado del otro mundo, otros un ser de algún planeta, otros...
Así esperaron a la mañana siguiente. Todos fueron a inspeccionar el lugar del suceso y perplejos, se encontraron la anguarina de Lucas atrapada y bien atrapada entre las zarzas. Con esto se aclaro el motivo de la azarosa noche que Lucas no borraría jamás de su mente.
Desde ese día, todos los vecinos hacían bromas sobre lo ocurrido, y no se olvidó el suceso nunca más en esos contornos.
Así a Lucas no se le recuerda por lo bien que hacía los trajes, sino por lo ocurrido en esa inolvidable noche de diciembre. Desde entonces, Lucas fue conocido como:
Julio de 2000
Aurelia Casado
